Este post es un post de salseo y es que vengo a poner negro sobre blanco y a plasmar, en este humilde post, unas cuantas frases que escuchamos las escritoras en cuanto decimos que escribimos libros.
En cuanto l0 hacemos se abre la veda de las reacciones más épicas y surrealistas que te puedas imaginar. Mucha gente reacciona con sorpresa diciendo “guau, yo no sabría por dónde empezar” otra, se interesa por lo que haces genuinamente interesada y otra va al salseo. Aquí te traigo un recopilatorio de frases que toda escritora ha escuchado alguna vez.
Lo mejor es que la gente suele decirlo con la mejor intención del mundo (o con una curiosidad desbordante), pero a nosotras nos toca activar la sonrisa diplomática para no ponernos a dramatizar en público.
Hoy inauguramos esta Parte 1 con cinco clásicos que, si escribes, te sacarán una sonrisa por pura solidaridad; y si solo lees, te aseguro que te vas a reír descubriendo lo que pasa por nuestra cabeza detrás de nuestra sonrisa indescifrable.
1. «Ah, ¿escribes romántica? Yo es que suelo leer otras cosas…»
La condescendencia literaria está delante de ti: eres muy afortunada. Siempre viene con una carita de circunspección, como si te estuvieran confesando que leen a filósofos del siglo XIX en versión original todas las mañanas antes de desayunar.
A ver, querida: te conozco o no, pero creo que cumples el patrón. Sé perfectamente que pretendes sonar como una académica de la lengua, pero las dos sabemos que la lectura más densa y sesuda que ha pasado por tus manos en el último mes ha sido la lista de ingredientes de las galletas del súper (y para ver si llevaban aceite de palma). La novela romántica es un género maravilloso que engancha, divierte y remueve emociones a partes iguales, pero parece que admitir que te gusta un final feliz sigue costando un poquito. ¡Con lo bien que sienta una buena historia de amor, tanto leerla como vivirla!
2. «Como te cuente lo que me pasó a mí, fijo que te conviertes en best seller»
¡Me encanta este momento! Entra en acción la generosidad desmedida. De repente, alguien se convierte en tu mecenas literario particular y, curiosamente, admitámoslo entre risas: suele ser un comentario muy típico de los hombres. Siempre le sigue a esta frase una broma un poco viejuna.
Y yo siempre pienso: «Oye, pues cuenta, no te cortes, que compartir es vivir». Al final, la idea de un best seller que me permita comprarme una casa un poco más grande (para no tener que echar al gato si entra un libro más) suena fenomenal. Lo divertido es cuando, ante la gran anécdota, te das cuenta de por qué no la han escrito ellos. Resulta un bluf que no hay por dónde cogerlo. ¿Es una gran historia para un premio Planeta o solo querías un poquito de atención? Pero, en cualquier caso, me da ternurita: la intención no era mala.
3. «¿Algún personaje está basado en mí?»
El egocentrismo inocente es fascinante. En cuanto publicas algo, la gente empieza a buscarse en las páginas con lupa: «Oye, ese chico alto que toma café solo… ¿no seré yo?».
A mí siempre me dan ganas de seguirles la broma: «¡Claro que sí, tiene tus mismos andares!». Lo cierto es que los escritores llevamos siempre el radar activado: cazamos una risa estridente, una manía de un conocido o un atributo físico que hace particularmente interesante a esa persona, y de forma casi inconsciente acaba apareciendo en la historia. Ahora bien, lo más gracioso de esta pregunta es que te la suele hacer justo esa persona que jamás en su vida se ha comprado ni ha abierto una sola página de tus novelas. Fantasía pura. Siempre se puede decir: «Lee mis libros y lo descubres».
4. «¿Y has hablado ya con Netflix para hacer la película o la serie?»
Esta me parece maravillosa porque denota una fe ciega en nosotras que ya quisiéramos tener nosotras mismas o bien qué mala leche tiene la gente.
En la cabeza de quien te lo pregunta, el proceso es facilísimo: terminas el libro, mandas un mensaje privado de Instagram a la cuenta oficial de Netflix y al día siguiente tienes a los guionistas llamando al timbre para elegir el reparto. A ti solo te queda pensar si contratar a Margot Robbie o a Anne Hathaway para la adaptación del libro. Ojalá fuera así. No obstante, desde este pequeño rincón en el mundo: Netflix, Prime Video, HBO, os estoy esperando. Si alzáis las cejas dos veces, me presento en vuestras oficinas; y tranquilos, que me pago el taxi.
5. «Pero con esto… ¿se gana dinero o es solo un hobby?»
El momento estrella de la sutileza. Porque no hay nada como estar tranquilamente y que te pregunten por tu economía como si no estuvieras tú, cada fin de mes, contando cada euro que gastas por si cuando vayas a Mercadona no puedes pagar una bandeja de pechuga de pollo.
La realidad es que el trabajo de escritor «no está pagado»: entre terminar la obra, corregirla una media de trescientas veces, preparar el lanzamiento, lanzarla, luego estar de vez en cuando recordándola… No salen las cuentas por ningún lado. Es un tema del que ni hablas en detalle con tu propia madre, ¡como para sacar la calculadora delante de todo el mundo! Como decían las abuelas con mucha gracia: quien quiera saber, poquito y al revés.
Aclaración por si hace falta:
- Me encanta dramatizar y sacarle punta a todo. Es deformación profesional. Ahora bien, jugando a las adivinanzas: ¿sabrías decir qué parte de estas charlas es comedia exagerada y cuál me ha pasado exactamente palabra por palabra en la vida real?
- Y a ti, si también estás en el club de las que escriben: ¿cuál de estas te ha tocado torear con más gracia? ¿Qué otra perlita añadirías para la Parte 2? ¡Cuéntamelo abajo, que nos echamos unas risas compartiendo anécdotas!


